La acción más pequeña es mejor que la intención más grande

Olvidamos la grandeza de los actos más pequeños y sobrevaloramos en ocasiones las palabras que nos transmiten intenciones grandes. No es lo mismo pensar que actuar, ni hablar que hacer. Por muy insignificante que sea una acción siempre tendrá más valor que aquello que se queda en el aire.

No somos conscientes del valor de los hechos cotidianos, ni de los demás ni de los nuestros. De esos pequeños detalles y granitos de arena que son capaces de construir sonrisas auténticas, generar emociones intensas y empezar a construir nuestros sueños.

“Los grandes corazones se contentan con pequeños detalles”
-Hernán Sabio-

Las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada

Las palabras son un recurso potente para quien sabe emplearlas. Gracias a ellas se cierran negociaciones, comienzan relaciones y se crean promesas. Pero una cosa es emitir un mensaje o una intención y otra muy distinta que esto se haga realidad mediante la acción.

Pueden decirte muchas cosas pero si no van acompañadas de hechos, las palabras pierden su valor.
Burbujas en forma de corazón
Crear expectativas a los demás o a nosotros mismos puede generar frustración, decepción o rabia. Por supuesto que somos libres de decir lo que queramos pero no olvidemos que por la boca muere el pez. Si no vamos a cumplir aquello que decimos es mejor el silencio. ¿De qué te sirve crear ilusiones a la gente o a ti mismo?

No olvidemos además que las palabras son un arma de destrucción masiva en la boca de personas manipuladoras. Por lo que dejarnos guiar por lo que nos dicen es un arma de doble filo que en ocasiones puede atraparnos es inmensas telas de araña.

Hay gente que habla y no actúa, y otras que son más silenciosas pero sus actos comunican grandes mensajes emocionales. De estas últimas puedes fiarte, tienen el secreto de demostrar sus sentimientos aún en el silencio.

Tus acciones te definen más que tus palabras

La mayoría de nosotros solemos hablar más de lo necesario, generando promesas que terminaremos por no cumplir. Esto no quiere decir que no haya buenas intenciones detrás de nuestras palabras pero también es importante barajar el valor que los demás dan a lo que les decimos.

Para ti puede que sea un comentario socialmente aceptable en ese momento que no llegue a más o que realmente pienses que vas a cumplirlo, pero quizás para la otra persona tu mensaje tenga un valor incalculable. La cuestión es que finalmente nos recordarán por lo que hemos hecho y no por lo que dijimos.

Tus comportamientos en buena medida te definen y son los pequeños detalles lo que hacen la diferencia. Por lo que el gesto más pequeño tiene más poder que las palabras más bonitas y las intenciones más desmesuradas. Porque, ¿a quién valoras más, a alguien que te dice que te quiere o alguien que realmente te lo demuestra?

Pareja abrazada

Al final de una persona quedan sus huellas y estas se conforman por la acumulación de sus actos. La acción es la huella indeleble de cada uno de nosotros.

Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados

Las palabras vuelan, se deshacen y desaparecen, hasta pueden deformarse. Pero un hecho siempre marcará el momento en que ocurrió, por mucho que alguien intente ignorarlo. Un hecho no puede deformarse nunca, tan solo puede transformase lo que se cuenta sobre este, y eso son palabras…

La cuestión está en si valoramos las acciones que los demás tienen hacia nosotros y las que nosotros llevamos a cabo tanto hacia los otros como a nosotros mismos. Estoy segura de que no, y de que a veces nos dejamos llevar por las palabras. Pero recuerda que una acción demuestra, una palabra solo emite un mensaje que puede o no llegar a cumplirse.

Quizás la clave se encuentra en actuar más y en hablar menos, y en leer entre líneas los subtítulos que acompañan a los hechos.
Artículo publicado originalmente en La Mente es Maravillosa

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